Había empezado a leer la novela unos
días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba
en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo
de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y
discutir con el mayordomo una cuestión de aparcerías, volvió al libro en la
tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado
en su sillón favorito, de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una
irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una
y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos. Su
memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la
ilusión novelesca lo ganó casi en seguida. Gozaba del placer casi perverso de
irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba, y sentir a la vez que su
cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo del alto respaldo, que los
cigarrillos seguían al alcance de la mano, que más allá de los ventanales
danzaba el aire del atardecer bajo los robles. Palabra a palabra, absorbido por
la sórdida disyuntiva de los héroes, dejándose ir hacia las imágenes que se
concertaban y adquirían color y movimiento, fue testigo del último encuentro en
la cabaña del monte. Primero entraba la mujer, recelosa; ahora llegaba el
amante, lastimada la cara por el chicotazo de una rama. Admirablemente
restañaba ella la sangre con sus besos, pero él rechazaba las caricias, no
había venido para repetir las ceremonias de una pasión secreta, protegida por un
mundo de hojas secas y senderos furtivos. El puñal se entibiaba contra su pecho,
y debajo latía la libertad agazapada. Un diálogo anhelante corría por las
páginas como un arroyo de serpientes, y se sentía que todo estaba decidido desde
siempre. Hasta esas caricias que enredaban el cuerpo del amante como queriendo
retenerlo y disuadirlo, dibujaban abominablemente la figura de otro cuerpo que
era necesario destruir. Nada había sido olvidado: coartadas, azares, posibles
errores. A partir de esa hora cada instante tenía su empleo minuciosamente
atribuido. El doble repaso despiadado se interrumpía apenas para que una mano
acariciara una mejilla. Empezaba a anochecer.
Sin mirarse ya, atados rígidamente a la tarea que los esperaba, se separaron en la puerta de la cabaña. Ella debía seguir por la senda que iba al norte. Desde la senda opuesta él se volvió un instante para verla correr con el pelo suelto. Corrió a su vez, parapetándose en los árboles y los setos, hasta distinguir en la bruma malva del crepúsculo la alameda que llevaba a la casa. Los perros no debían ladrar, y no ladraron. El mayordomo no estaría a esa hora, y no estaba. Subió los tres peldaños del porche y entró. Desde la sangre galopando en sus oídos le llegaban las palabras de la mujer: primero una sala azul, después una galería, una escalera alfombrada. En lo alto, dos puertas. Nadie en la primera habitación, nadie en la segunda. La puerta del salón, y entonces el puñal en la mano, la luz de los ventanales, el alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela.
Sin mirarse ya, atados rígidamente a la tarea que los esperaba, se separaron en la puerta de la cabaña. Ella debía seguir por la senda que iba al norte. Desde la senda opuesta él se volvió un instante para verla correr con el pelo suelto. Corrió a su vez, parapetándose en los árboles y los setos, hasta distinguir en la bruma malva del crepúsculo la alameda que llevaba a la casa. Los perros no debían ladrar, y no ladraron. El mayordomo no estaría a esa hora, y no estaba. Subió los tres peldaños del porche y entró. Desde la sangre galopando en sus oídos le llegaban las palabras de la mujer: primero una sala azul, después una galería, una escalera alfombrada. En lo alto, dos puertas. Nadie en la primera habitación, nadie en la segunda. La puerta del salón, y entonces el puñal en la mano, la luz de los ventanales, el alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela.
INSTRUCCIONES PARA REESCRIBIR EL CUENTO
Escribir una historia de Navidad en el que se superpone el relato narrado como en una puesta en abismo: repetición (indefinida) de una acción (o varias)secundarias dentro de los límites de una acción primaria.

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Cuando se hace referencia al proceso de creación (el pintor que pinta un cuadro de sí mismo pintando) o del proceso de consumo (el lector que lee una historia sobre alguien que lee una historia).
Las Meninas de Velazquez
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Romain Durand
¡Qué rompecabezas!
Erase una vez una familia con
una hija de siete años que se llamaba Ámbar. Era el primer día de diciembre, y
como cada ano, cuando se levantó, Ámbar corrió a la cocina para abrir la
primera caja de su Calendario de Adviento. El chocolate era en forma de una
bola de nieve. Lo saboreó con una sonrisa que expresaba su placer de estar en su
mes favorito.
Cuando su madre se levantó,
Ámbar le pidió: “¿Mama, puedes darme una hoja de papel con un bolígrafo? ¡Tengo
que escribirle mi carta a Santa Claus!”
“Bueno, aquí están,” le
respondió su madre. Se dijo que sería el ultimo año con Santa Claus: el próximo, le diría la verdad sobre los regalos de la Navidad.
Ámbar empezó a escribir. Lo que
quería sobre todo, era una bola de nieve de vidrio, que cuando la sacudiera,
habría nieve al interior cayendo. Había visto una muy antigua en la casa de
su abuela, pero quería una que fuera la suya. También le pidió a Santa Claus
algunos rompecabezas.
Dio la carta a su madre. “Acuérdate
que debes portarte bien para que Santa Claus te de lo que quieres, Ámbar!”
“Siiiii mamá, lo sé,” gruñó
Ámbar.
Todo el mes, la nina estaba
adorable. Imaginaba todas las horas que podría pasar haciendo rompecabezas e imaginaba
escenas con su bola de nieve. La víspera de Navidad, se acostó temprano porque
tenía miedo que si esperaba a Santa Claus, no se produciría.
El 25, se levantó muy temprano y
bajo el abeto había muchos regalos. Abrió rápidamente los suyos, y había todo
lo que había pedido: algunos rompecabezas, la bola de nieve, y muchos otros regalos. No
había estado tan feliz en todo el año.
Pero cuando miró lo que había
en la bola, vio a una chica que se parecía mucho a ella, y que tenia en sus manos
una bola de nieve también. No entendia lo que pasaba, pero era misterioso. Se lo
preguntaría a sus padres cuando se levantaran. Esperando que se despertaran,
empezó uno de los rompecabezas. No había un modelo: era uno muy difícil.
Tomaría mucho tiempo, pero se dijo que sus padres serían muy felices al ver que
podía hacerlo.
Y en efecto, le tomó mucho
tiempo. Pero a Ámbar le gustaba ese rempecabezas, y vio rápidamente que era de Navidad. Había un abeto. Después, vio que había tres personas: un padre y
una mujer que estaban mirando a su hija. Y cuando puso la ultima pieza, estaba sin aliento. Se dio vuelta, y vio a sus padres que estaban alli.
Miró una vez más el juego y entendió. La chica del rompecabezas también estaba
haciendo uno que se parecía a el que había hecho y sus padres estaban
mirándola detrás.
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Pierre Bastard
Un niño extraviado el día de Navidad
En 2006 François tenía siete años y como cada mes
de diciembre estaba muy impaciente que fuera Navidad. De hecho a él le gustaba
mucho esta fiesta, creía en la magia de la Navidad.
Por eso desde el primero de diciembre abría cada
día su calendario de adviento que su Madre le había regalado. Eso simbolizaba
la espera hasta el veinticinco, el día del nacimiento del niño Jesús. Era muy
importante para él y su familia, sus padres eran muy religiosos y François
pensaba, cada día más, en la llegada de los Reyes Magos el seis de enero con
todos sus regalos. Para respetar la tradición, que era muy importante para él,
François y su Madre decoraron todo el salón de la casa. Había un espléndido
árbol de Navidad con unas guirnaldas verdes y rojas y unas esferas navideñas.
En el jardín había un pesebre muy grande y bonito, con luz artificial para
mostrar todos los personajes, desde María hasta el buey y el asno. Faltaban únicamente
el niño Jesús así como los Reyes Magos que debían llegar después. A François le
gustaba mucho irse a acostar el veinticuatro y levantarse al otro día viendo
que Jesús había nacido de nuevo durante la noche. Para él era la prueba de
todo, y sobre todo, el significado de los regalos que recibía cada seis de
enero de parte de los Reyes Magos.
Este vienticuatro de diciembre, François se acostó
a las nueve de la noche después de compartir con sus padres. Pero el pequeño
François no se sentía muy bien. Tenía un dolor en el vientre que lo despertó sobre
las once de la noche. Bajó a la planta baja para ver a su madre y quizás tomar
algún medicamento. Cuando pasó delante de la ventana del jardín se dio cuenta
que sus padres estaban afuera, cerca del pesebre. Al inicio no entendió que
estaban haciendo, pero de repente, vio a su padre poniendo el niño Jesus dentro
del pesebre! Por un momento no aceptó la realidad, pero tuvo que ser razonable:
la historia de Navidad era una leyenda y sus padres le habían mentido desde su
nacimiento! Corrió a su cama, no se sentía bien pero había olvidado su dolor de
vientre.
Cuando se
despertó el día siguiente tenía los ojos rojos, en realidad había llorado
durante la mayor parte de la noche. Se sintió traicionado por sus padres. Para
él era realmente muy importante y el mejor momento del año. Le parecía que todo
era una mentira y no podía creer en nada de lo que dirían sus padres. Su madre
vino para vestirle para la cena de Navidad y no le dijo nada. En la mesa escuchó
al padre más que nunca y poco a poco comprendió lo que decía. Jesús no había
nacido cada año desde el año uno, pero en su memoria todas las familias
celebraban su nacimiento poniendo la figurita de Jesús en el Pesebre durante la
noche del veinticuatro de diciembre.
Entendió porqué
sus padres no se lo habían dicho. Estaba demasiado niño. Así dejó de estar
furioso. Lo único que no entendió fue el significado de los regalos de los
Reyes Magos. Preguntó a su madre como era posible que los Reyes Magos trajeran
regalos si toda era una puesta en escena para recordarse de Jesús. Su madre se
sorprendió con la pregunta de su hijo porque creía que no sabía lo de Jesús.
Decidió decirle toda la verdad: que los regalos venían de su padre y de ella,
para que fuera feliz. François empezó a llorar, no por tristeza sino al contrario
se sintió culpable por haber dudado de sus padres. Abrazó a su madre. Ella no se imaginaba lo que pensaba su hijo pero quedó fascinada cuando
François le dijo que la quería.
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Lucas Depierre
El cambio
Una tarde del 31 de diciembre me llamó David Morales. Estaba solo en mi empresa trabajando en este excepcional día. Era un empleo normal, me desplazaba en
automóvil al trabajo, con un viejo coche. Vivía con una mujer, desde hacía ocho
años, pero no quería casarme. Me gustan el golf, el cine y los libros. Ese
día me decía : como cada vez, 2016 pasará sin gran cambio en mi vida... Cuando
un hombre tocó a la puerta, yo era la única persona que podía abrir. Descubrí a un hombre
que se presentó: "Hola ! Soy un nuevo empleado, empiezo a trabajar mañana,
mi apellido es Morales." Me exclamé : "Como yo, ¿cual es su nombre ?
" El hombre respondió : "David." ¡La sorpresa fue total !
Durante el mes siguiente, descubrí
que este nuevo empleado, que tenía su escritorio al lado del mío, se parecía mucho a mi en otras cosas: tenía el mismo coche para ir al trabajo, le gustaba el
golf, el cine, era un empleado discreto, serio... Era profundamente
desconcertante. Apareció en mï el deseo de llegar a ser único. Una revolución
interior y exterior empezó.
Primero, decidí desplazarme en
metro, y además abandoné también el golf y el cine en mi tiempo libre,
intenté ser menos reservado y hablaba con colegas al lado de la máquina de
café... Comprendí que no era posible vivir una vida sin un toque personal.
Decidí incluso casarme con mi compañera. Me permití cambiar de
apellido, desde ese día me llamo David Ortega. Todos estos eventos me dieron un
nuevo dinamismo, y cuando mi discografía me anunció que mi primer disco era un
éxito, presenté mi renuncia a mi empresa y le di un beso a mi mujer que se percató que
no había cambiado completamente.
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Victor Marchais
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Victor Marchais
La Navidad infinita
Érase una vez, un chico
recibió el juego de madera que deseaba para navidad, sabía que era Santa Claus
que se lo había regalado porque sus padres eran pobres.
Por eso el chico decidió darle un regalo a Santa Claus . Pensaba que el hombre estaba triste porque nunca recibía
presentes, siempre regalaba. Aunque el chico era pobre decidió ofrecerle su única naranja.
Cuando las aves migratorias
pasaron por su país les dio su fruta. Cuando éstas llegaron al polo Artico y entregaron el regalo, Santa Claus se sorprendió mucho. Le dio risa porque los hombres no
sabían que Santa tenía más regalos que toda la gente porque cada año, Santa
Galáctica ofrecía regalos a los buenos Santa Claus de la Vía Láctea. En cambio, Santa Galáctica no podía recibir regalos de nadie. Entonces Santa Claus decidió ofrecerle un
regalo. Le dio a un cometa la única naranja que tenía.
Cuando la cometa le dio
el regalo a Santa Galáctica, éste sonrió porque los Santa Claus de la galaxia no sabían
que cada año el Santa Universal pasaba por cada galaxia del universo para
ofrecer regalos a los Santos Sabios. Eso si, no era posible que él recibiera regalos. ¿Quién
podría ofrecerle uno, era el último Santa? Por eso el Santa Galáctica envió su único planeta de
naranja.
Cuando el planeta llegó
al Santa Universal, éste sonrió también
porque el Santa Multiuniversal le ofrecía muchos regalos un día por año. Entonces decidió ofrecerle una constelación de naranjas.
Así cada Santa dio a su superior una cantidad infinita de naranjas.
Pero como todos fueron sabios para hacer eso, el próximo año cada Santa
de todos los niveles recibieron más regalos, tanto así que el chico recibió dos
juegos de madera.
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Louise Chatelan-Lacam
La tarjeta para los Reyes Magos
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Jessica Bismuth
Nochebuena en solo
El Día de Navidad comenzó bien .
Después de medianoche, todo el mundo se había ido. Paulo era muy feliz con esa Navidad. Cansado de su día, decidió ir a la cama. Subió las escaleras, se lavó los dientes, y abrió la puerta de su habitacion. En ese momento, vio en su cama a alguien con su tamaño, con su color de pelo, que estaba tranquilamente durmiendo con un oso de peluche teniéndolo con fuerza contra él.
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Robinson Tillet
Daniel Tchangang
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Louise Chatelan-Lacam
La tarjeta para los Reyes Magos
"Queridos
Reyes Magos",
escribió Adrián en la tarjeta de Navidad que había comprado esa misma mañana, "me gustaría mucho recibir un cochecito
teledirigido, un monopatín". Dejó de escribir un momento para ponerse
a pensar en todos los juguetes que quería. Miró de nuevo el bonito dibujo de la tarjeta : había elegido esa porque representaba a los Reyes Magos y sus
camellos cargados de regalos, caminando bajo la luz de la luna por el desierto.
Pero en la oscuridad de la tienda, no se había fijado en el niño montado en el
último camello de la caravana. A Adrián le hubiera gustado montarse en un
camello de los Reyes Magos como ese niño de la postal. Sin embargo, mirando más
de cerca la imagen, a Adrián no le parecía que el niño se divirtiese y ,al
contrario, se le veía muy triste encima del camello.
De repente, le pareció oír un sonido, como un
susurro. Creyó que había tenido una imaginación cuando de nuevo volvió a
escuchar un poco más fuerte el mismo ruido. Entonces, aguzó el oído :
"Socorro! Socorro!" estaba gritando la pequeña voz a través de la
postal. El niño de la carta ya no se le
veía triste y si totalmente asustado. "Deprisa! Deprisa!" prosiguió
la voz "Tienes que ... cuanto antes" pero Adrián no podía oír toda la
frase con claridad. Acercó aún más su oreja de la imagen y finalmente pudo oír
la voz que decía "Tienes que quemar
la tarjeta cuanto antes!" pero ya era demasiado tarde : súbitamente, Adrián
se sintió aspirado por un viento caliente y seco.
El remolino fue tan potente que acabó
desmayándose. Fue el ardor del sol el que le abrió los ojos. La cabeza le daba
vueltas y no se acordaba de nada. Cada paso del camello que estaba montando le
daba náuseas, el sol quemaba sus ojos y la arena le picaba la piel. A Adrián ese
escenario le recordaba algo... Cruzó la mirada espantosa de un hombre vestido
de Rey Mago pero que tenía en las manos un látigo. En ese instante se acordó
de todo y se dio cuenta de que se quedaría prisionero en la tarjeta de Navidad a no
ser que alguien la quemase.
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Jessica Bismuth
Nochebuena en solo
En
una noche de Navidad, Paulo, un hombre muy viejo estaba en su casa, solo. Desde
el deceso de Carolina, su esposa, Paulo pasaba las fiestas de diciembre solo.
Efectivamente, Paulo y Carolina no tenian hijos o familia y todos sus amigos
estaban con sus familias. Pero, a Paulo no le importaba pasar la Navidad con una sopa, tenia
sus propias tradiciones: encender la televisión y mirar una película de Navidad.
Le gustaban esas películas porque generalmente eran historias muy felices con
magia que le fascinaban.
Entonces,
Paulo se instalaba en su sofá delante de la televisión con un trozo de turrón.
La película se llamaba "Nochebuena en solo". "Una película que
me corresponde muy bien" pensó Paulo. Dudó y se preguntó si no era mejor cambiar de canal porque la película no parecía muy alegre. Pero, cuando tomó el telemando
vio en la televisión cosas extrañas. Reconoció la casa del héroe, su ropa, sus
movimientos. Entonces, se dio cuenta de que estaba mirando una película de él; como
si una filmadora estuviera detrás o delante de él. Para estar seguro, Paulo hacía
gestos y el hombre en la televisión hacia los mismos. Paulo podía verse en la
televisión, y podía verse en la televisión que podía ver en la televisión.
Paulo,
afectado, pensaba que estaba soñando. Se cacheteó y entonce vio al hombre de la televisión hacer lo mismo. Pero, la
filmadora cambió de visión y mostró la pequeña ventana de la cocina. A través
de la ventana, la filmadora paró sobre duendes que estaban
decorando la casa. Paulo, intrigado por la película estaba mirando fijamente la televisión. Paulo oyó un ruido en su cocina, entonces
se separó de la televisión para ver a los
duendes preparando una mesa maravillosa. Todos juntos pasaron una nochebuena
memorable.
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Elodie Krafft
La Navidad de Lilio
Eran las seis de le mañana pero Lilio ya no podía dormir. El dia anterior la madre del niño de seis años le había dicho : "Mañana es Navidad, cariño. Santa Claus habrá dejado muchos regalos debajo del árbol de Navidad". Por eso, Lilio estabá demasiado impaciente para quedarse en su cama. Se levantó y corrió discretamente al salón.
Se puso a llorar Cuando se dio cuenta de que no había ningún regalo. Después de un rato, decidió ver la televisión para esperar a sus padres y preguntarles por qué Santa Clausa no había pasado. Se sentó en el sofá al lado del árbol de Navidad y encendió la televisión.
En la pantalla vio a un niño, sentado en un sofá, abstraído por una televisión. Detrás de él, un hombre gordo de barba blanca, vestido de rojo, intentaba salir de la chimenea. Era muy díficil a causa de una bolsa grande que llevaba. Lilio gritó : "¡Detrás de ti! ¡Es Santa Claus!". Pero el niño, claro, no podía oírlo y continuaba viendo la televisión. No tenía idea de que Santa Claus estaba dejando regalos debajo del árbol muy cerca de él.
De repente, Lilio oyó el ruido de una puerta que se abría detrás de él. Se giró y vio a su madre, que se dirigía al árbol...¡Rodeado de regalos de todos los colores!".
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Pierre Hassold
Elodie Krafft
La Navidad de Lilio
Eran las seis de le mañana pero Lilio ya no podía dormir. El dia anterior la madre del niño de seis años le había dicho : "Mañana es Navidad, cariño. Santa Claus habrá dejado muchos regalos debajo del árbol de Navidad". Por eso, Lilio estabá demasiado impaciente para quedarse en su cama. Se levantó y corrió discretamente al salón.
Se puso a llorar Cuando se dio cuenta de que no había ningún regalo. Después de un rato, decidió ver la televisión para esperar a sus padres y preguntarles por qué Santa Clausa no había pasado. Se sentó en el sofá al lado del árbol de Navidad y encendió la televisión.
En la pantalla vio a un niño, sentado en un sofá, abstraído por una televisión. Detrás de él, un hombre gordo de barba blanca, vestido de rojo, intentaba salir de la chimenea. Era muy díficil a causa de una bolsa grande que llevaba. Lilio gritó : "¡Detrás de ti! ¡Es Santa Claus!". Pero el niño, claro, no podía oírlo y continuaba viendo la televisión. No tenía idea de que Santa Claus estaba dejando regalos debajo del árbol muy cerca de él.
De repente, Lilio oyó el ruido de una puerta que se abría detrás de él. Se giró y vio a su madre, que se dirigía al árbol...¡Rodeado de regalos de todos los colores!".
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Benerrami Jalel
El ángel
Erase una vez, una mujer llamada Zita,
con una i, que había ido a una muy famosa tienda cultural para comprar un DVD.
Quería una buena pelicula para ver el fin de semana.
En la tienda, mientras veia los DVD en las
estanterias, estaba tan absorta que no prestaba atención a lo que pasaba a su
alrededor. Fue entonces que chocó contra un hombre. Se sintió muy avergonzada y
se disculpó. El hombre notó que estaban viendo el mismo DVD. Se
trataba de una comedia romántica.
Empezaron a hablar de la película cuyo título era « el amor
de la A a la Z ». Se
rieron y decidieron comprarla. Ambos siguieron haciendo las compras y justo antes de irse,
el hombre le dijo: « Oye, me llamo Angel ».
El fin de semana, Zita miró la
pelicula. Era la historia de una mujer que se llamaba Zyta, con un i griega,
que se encontró con un hombre en una tienda. Este hombre era su ángel de la
guardia. En la pelicula, los personajes se enamoraron y al final se casaron.
Zita recordo entonces a Angel, el hombre encontrado en el almacén. Había demasiadas coincidencias. Quiza Zita acababa de encontrar el
hombre de su vida.
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Pierre Hassold
El oso de peluche
Un día de diciembre , Paulo duerme con su oso de peluche teniéndolo con fuerza contra
él , imaginando la Navidad, y qué regalos tendría . El sol sale y Paulo huele el olor a torta de la cocina. Se levanta y va a ver . Su madre había
preparado las galletas de la Navidad .
El Día de Navidad comenzó bien .
El
timbre sonó y Paulo abrió la puerta. Eran sus primos que llegaban para celebrar la
Navidad la misma tarde. Jugaron toda la tarde a los piratas, los astronautas,
los dinosaurios, todos juntos en un ambiente agradable. Por la noche, después de
comer, Paulo y sus primos decidieron buscar al Santa Claus. No lo encontraron en
el jardín, y cuando volvieron a casa, vieron todos los regalos bajo el árbol de
navidad. Paulo recibió los regalos
que esperaba, como una nueva XBOX48 , una bicicleta y unos cómics que no
se encontraban en las tiendas.
La
noche estuvo muy bien
Después de medianoche, todo el mundo se había ido. Paulo era muy feliz con esa Navidad. Cansado de su día, decidió ir a la cama. Subió las escaleras, se lavó los dientes, y abrió la puerta de su habitacion. En ese momento, vio en su cama a alguien con su tamaño, con su color de pelo, que estaba tranquilamente durmiendo con un oso de peluche teniéndolo con fuerza contra él.
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Robinson Tillet
El regalo
Érase una vez un chico que se levantó para abrir sus
regalos de Navidad. Estaba muy contento y tenía prisa. Pero
cuando los vio se dio cuenta de que solamente había uno pequeño. Estaba un poco
triste pero lo abrió. Era un magnífico libro. Empezó a leerlo. Era la historia
de un chico que vivía en una casa que se parecía a la suya. Cuando vio la cara
del chico, se dio cuenta de que se parecía a él. Era el día de la navidad y el
chico que se le parecía se levantó para abrir sus regalos pero solamente había
un pequeño regalo. Se dio cuenta que era el chico de la historia. Pasó la página
y vio que el chico de la historia hacía lo mismo. Lo hizo de nuevo para
intentar ver el futuro pero las próximas paginas estaban blancas. Todas,
excepto la última : vio que estaba casado con una mujer muy hermosa y tenían
muchos hijos.
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De futbolista a futbolista
Érase una
vez, en 2151, un niño de 12 años que se llamaba Pedro Navarro. Su sueño de niño
era convertirse en un gran futbolista. Por eso deseaba profundamente encontrar
un futbolista profesional y hablar con él.
En Navidad
sus padres le compraron un ticket para el partido durante el Boxing Day entre Arsenal
y Chelsea. Era uno de los billetes más caros para poder ver el partido desde el
mismo campo de futbol como si estuviera jugando y poder así hablar con los futbolistas
después. Sus padres habían trabajado muy duro ese año para poder comprárselo.
Cuando abrió su regalo y vio el billete, Pedro lloró de alegría. Estaba muy emocionado y ya imaginaba que ese
partido sería el día más feliz de su vida.
El día siguiente,
el 26 de Navidad, sus padres le acompañaron en la sala de teleportación y Pedro
se teletransportó al estadio Emirates Stadium de Marzo! El partido fue
fenomenal y Arsenal ganó 2-0 contra Chelsea. Al final del partido, Pedro pudo
hablar con el delantero del Arsenal, Vlad Miskovini. Le hizo muchas preguntas. Vlad pudo
percibir un rayo de esperanza en los ojos de Pedro.
El
futbolista se acordó de su infancia, cuando conoció al famoso defensor Xuibu de
Plutón sobre ese mismo campo de futbol
quien le aconsejó que perseverara para convertirse en profesional. Vlad decidió decirle lo mismo al niño. Le estímulo con las mismas palabras que
había recibido hacía diez años.
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Matthieu Thésé
La nieve
Erase
una vez, durante una oscura y fría noche de invierno, tres pasajeros en un
tren. El tren, ignorando una furiosa tempestad de nieve, iba recorriendo el
campo y los paisajes cubiertos de nieve iban desfilando frente a los
viajadores. En el interior, los tres viajadores no sentían nada de la tempestad
sino el agradable balanceo del coche.
Era la víspera de la navidad y los tres viajadores
estaban soñando con fiestas, regalos y
comidas con sus familias. El primer viajador se llamaba Nacho. Era un
estudiante en un instituto de la capital, tenia exámenes muy importantes en su
escuela y no había podido volver a su casa más temprano. El segundo se llamaba
André y era un empleado en una gran empresa. Como Nacho, no había podido volver
antes a su casa por el trabajo. El último viajador se llamaba Antonio. Era
enfermero. Y no había podido volver a su casa antes porque tenía que trabajar
hasta las fiestas de navidad. Durante mucho tiempo, todos habían soñado volver
a sus casas para las celebraciones de la navidad y sabían que los padres, hermanos
y hermanas estaban esperándoles.
De repente, el tren empezó a frenar
hasta que se inmovilizó en la mitad del campo. Los viajadores se despertaron y
se preguntaron lo que estaba pasando, cuando una voz resonó en el altavoz del
coche : « disculpen señoras y señores, pero nuestro tren está bloqueado a
causa de la nieve. No podemos avanzar más ». Empezaron a esperar que el
tren partiera de nuevo y los tres viajadores empezaron a conocerse. Y finalmente
después de algunos minutos, Antonio dijo :
« ¿Saben
que ? ¡Voy a contar una historia de navidad ! »
Los dos otros escucharon atentamente.
« Erase
una vez, en un país muy lejano, un jinete galopaba con su caballo en las montañas.
Era la noche de navidad y el jinete estaba cansado por las largas horas de
viaje que había hecho. Solo quería volver a su casa. Sintió que una tempestad
de nieve estaba empezando y se dio cuenta de que no podía volver a su pueblo
durante la noche. Empezó a buscar refugio. Finalmente luchando contra la
tempestad, llegó a un albergue que estaba prácticamente vacío. Solo había un
posadero y otro viajador.
« Hola
amigo, empezó el posadero, venga a refugiarse con nosotros.
⁃
Quiero volver a mi pueblo, respondió el jinete, mi
familia me está esperando.
⁃
Pues no va a volver a su casa esta noche, nadie
puede viajar con esta tempestad. Estamos bloqueados aquí ! »
El jinete estaba desesperado. Pero el otro viajador
lo reconfortó. « Vale amigo, vamos
a celebrar la navidad aquí ! ». Así los tres hombres empezaron a
celebrar la navidad cerca del fuego, comiendo y contando historias de viaje.
Del mismo modo en el tren, Nacho, André y Antonio tomaron
consciencia que tenían que hacer lo mismo, y los tres desafortunados decidieron
disfrutar la noche juntos.
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Pierre
Gilibert
El casco de hierro
Se sentó
al lado de los carbones encendidos. Por la ventana pudo ver a sus hombres
rodeando el pueblo. Se puso el casco. Empezó a recordar los
eventos que la llevarían allí.
Un sábado
de Octubre el volcán en la frontera entró en erupción. Su pueblo estaba
bastante lejos del volcán y entonces nadie tenía miedo ; de hecho, solamente se
podía ver una gran nube de humo en el horizonte. El mayor cambio fue que por
causa de las partículas en el aire, las puestas de sol se teñían de mil tonos
de rojo, de amarillo y de verde. El espectáculo era maravilloso. A Cibel, le
gustaba sentarse en la cima de un acantilado y disfrutar de la vista que se
ofrecía a ella.
Cibel era
una mujer de unos 25 años. No tenia ningún recuerdo de sus padres que fueron
asesinados por unos ladrones cuando ella tenía 2 años. Era una mujer muy
solitaria a quien le gustaba quedarse en el bosque durante muchos días. Los aldeanos aceptaban su
deseo de soledad, y dado que su trabajo en la forja era muy bueno, Cibel era
bastante apreciada en el pueblo.
Cibel
estaba haciendo clavos en la forja cuando los hombres llegaron. Eran doce, con
mujeres y niños en carretas o caminando, y solamente preguntaban a los aldeanos
si tenían comida y un lugar donde dormir. Estaban cansadísimos. Los aldeanos ayudaron a los
pobres refugiados, y cuando se sentían mejor, un abuelo empezó a contar su
historia.
Los
refugiados venían de un pueblo cerca de la ciudad de Capoue que está al lado del volcán. Cuando entró en erupción,
la ciudad fue destruida en pocos minutos : terremoto, ceniza caliente, caída de
rocas, nada ni nadie pudo sobrevivir a la Apocalipsis. En menos de una hora, el
centro cultural económico y político de la región desapareció totalmente. El
día siguiente, los caballos en el pueblo estaban angustiados sin razón
aparente. Sólo cuando un grupo de jóvenes fue a Capoue para ayudar a los
posibles sobrevivientes, en el pueblo, los aldeanos entendieron lo que sucedía
: el aire estaba envenenado, y toda la gente en Capoue estaba muriéndose.
Después de momentos de pánico, los aldeanos dejaron el pueblo con comida y
agua. Pero los problemas solamente comenzaban. Con la milicia de Capoue
destruida, los ladrones no se escondieron tampoco, y veían en los refugiados
presas fáciles. El primer ataque fue bloqueado fácilmente : los refugiados
protegían sus vidas y sus familias y además eran más numerosos, mientras que
los bandidos buscaban oro y comida. Nadie murió y las lesiones podían ser
cuidadas sin ningún problema.
Pero a
medida que los días pasaron, la comida empezó a faltar, la lluvia tenia
partículas y entonces no era posible beberla. El convoy se estaba
debilitando. Cuando los refugiados podían descansar en los raros pueblos que
encontraban, siempre oían noticias preocupantes : los ladrones se habían
reagrupado y habían coronado rey un tío que quería ser llamado “La Espina”.
Nadie había visto la cara de La Espina, porque tenía todo el tiempo un casco de
acero con una corona de espinas en cobre. Pero se decía que La Espina
era un hombre gigante, fuerte como un toro, con los ojos blancos y una espada
tan grande que podía ensartar a un hombre de la cabeza a los pies. Bajo el
mando de La Espina, los bandidos llegaron a organizarse, y no solo atacaban los
convoyes de refugiados, sino también empezaron a atacar a los pueblos. Entonces en cada pueblo
donde el convoy llegaba, los aldeanos estaban preparados para huir, y no podían
ayudar a los refugiados. Abandonados a si mismos, los
refugiados continuaron sus exilios. Poco a poco, encontraban pruebas de la
presencia de los bandidos : hombres, mujeres y niños colgados a los árboles,
campos devastados por el fuego, y por fin, pueblos destruidos, con los aldeanos
asesinados en las calles.
Los
refugiados estaban aterrorizados. No podían dormir durante la noche.
Y una
noche, lo que ocurrió y que de hecho tenia que ocurrir : los ladrones atacaron
el convoy. Primero, los gritos de miedo y dolor despertaron a algunos que
estaban durmiendo. Poco después, unos fuegos se encendieron en numerosos
lugares en el campamento. Eso permitió al abuelo entender lo que pasó : los
ladrones, en el bosque, lanzaban flechas, primero apagadas después encendidas.
Los sobrevivientes se refugiaron debajo de las carretas. No se movieron. Solo
pudieron ver morir poco a poco a los heridos. Después de algunos minutos de
silencio casi total, los ladrones llegaron al campamento, con espadas y
cuchillos. Con mirada de locos, derrocaron las carretas y acosaron a los
refugiados aterrorizados. El abuelo y algunos al lado de él huyeron al bosque.
Cuando el viejo volvió, vio en la distancia a un hombre con un casco de acero y
una corona de espinas de cobre, los brazos cruzados, mirando la matanza.
Quizás nadie les había visto o quizás tienen suerte, pero con los once otros,
no fueron seguidos. Días después, los sobrevivientes llegaron al pueblo de
Cibel.
El abuelo
empezó a llorar. Cibel, que se había sentado para escuchar al viejo, se
levantó. Los aldeanos alrededor del abuelo estaban preocupados. Cibel caminó
hasta su forja. Se sentó al lado de los carbones encendidos. Empezó a recordar
los eventos que la llevarían allí.
Nunca se había sentido bien con los aldeanos. Durante su adolescencia, sin
padres y sin amigos para protegerla, era una presa fácil para el hijo del jefe
del pueblo. Dos, tres y después cuatro veces cada semana, él visitaba la casa
de Cibel para “disfrutar de la vida” como le gustaba decir. Rápidamente Cibel
se iba al bosque por algunos días, para evitar al hombre. Fue durante una
escapada que encontró un grupo de ladrones. Al principio se escondía y no hacia
nada. Pero tuvo una idea. Su trabajo en la forja la había vuelto muy
fuerte. Entonces convencer a los bandidos que la siguieran fue bastante fácil :
se hizo un casco y una espada y mató al jefe de los ladrones. Se convirtió en
el nuevo jefe. Después, durante sus escapadas, iba con los bandoleros y atacaba
a los viajeros. Cuando comprendió que el volcán había matado la milicia de
Capoue, atacaban sin miedo a los convoyes y los pueblos.
Abrió un
seguro y miró su contenido : un maravilloso casco de acero con espinas de
cobre. Una obra maestra, sin ninguna duda. Su mas grande éxito.
Por la
ventana pudo ver ladrones rodeando el pueblo. Se puso el casco.
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Thibaud Monmirel
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Thibaud Monmirel
Javier de La Luz
Erase
una vez un dia de navidad, un nino que se llamaba Javier de la Luz y
que vivia en un pueblo muy pequeno, lejos de todas las grandes
ciudades. Sus padres eran pobres y nunca podian ofrecerle al nino el
regalo que deseaba. Soñaba con una enciclopedia sobre los
dinosaurios. Javier creía realmente en Santa Claus y el ultimo regalo que
habia recibido era un libro muy barato que contaba una historia de un
nino muy desafortunado que se llamaba Sergi Colell. Cuando la noche cayó
se puso al lado del fuego y empezó a leer su libro.
Los
padres de Sergi eran campesinos y hacian todo lo que podian para ganar
dinero y ofrecerle a Sergi lo que necesitaba y para ver cumplidos todos sus
deseos. Sin embargo Sergi era muy desafortunado y cada vez que
preguntaba algo particular para Navidad, habia otra cosa. Pero Sergi
era muy generoso y cada vez que tenia otro regalo, lo mandaba a
escondidas a otro nino en algun lugar, diciendose que eso podría
satisfacer a alguien mas que él. Esa Navidad, Sergi deseaba recibir una armadura de caballero para jugar durante muchas horas con
sus amigos. Pero de la misma manera que las otras veces no recibio lo que queria. Santa Claus le habia traido un libro muy interesante sobre los dinosaurios.
Exactamente el libro que quería Javier.
Javier
se dijo : « !Que suerte tiene este niño ! Yo, quiero este libro desde
hace tiempo y nunca lo recibo… » y luego continuó leyendo su historia.
A
Sergi no le gustaba mucho este libro. No quería saber mucho sobre los
dinausorios que le daban miedo. Asi que cada vez, Sergi se dijo que el
dia siguiente, iba a mandarselo a otro niño en algun lugar. El dia
siguiente, Sergi lo mandó por correos.
Javier dejó de leer y fue a acostarse muy triste porque se dijo que nunca
recibíria el mismo libro. La noche paso y la mañana de Navidad, fue
despertado por el timbre. Bajó, abrió la puerta y vió un cartero que
tenia un paquete en las manos. « Javier de La Luz ? » preguntó. Javier
asintió con la cabeza. El cartero le dio el paquete, le saludó y se fue.
Javier reconoció la escritura de un niño. Abrió el paquete y descubrió
una enciclopedia sobre los dinosaurios, exactamente la que quería. Gritó
de alegria. Por fin Santa Claus habia escuchado sus deseos, pensó.
Pero cuando tomó los papeles que rodeaban el paquete para ponerlos en
la papelera, vio escrito : « Remitente: Sergi C. »
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Erase una vez, una historia de un niño que el día de Nochebuena no podía dormir. Quería ver a Santa Claus. Era su sueño! Esperó en silencio en su habitación que sus padres se fueran a la cama. Cuidadosamente, miró debajo de la puerta y vio que la luz seguía brillando en el pasillo.
Oussama Ez-Zouak
El libro extraño
Era el último día de trabajo antes de las vacaciones de
Navidad en la oficina de Juan. La tradición en esta oficina era que cada
empleado aportara un regalo y lo depositara en una caja común y al final de la
fiesta organizada cada empleado tomaba un regalo de manera aleatoria. Este año,
el azar fue que el regalo de Juan fue un libro de cobertura roja intitulado “Tu
libro”.
Por la tarde, durante su viaje en tren para volver a su
familia y celebrar la Navidad, Juan decidió comenzar a leer este libro. Contaba la vida de un hombre llamado Juan también. Había tantos acontecimientos
de la vida del héroe contados que Juan se dijo: “¡Qué regalo! ¡Este libro es
tan fastidioso!” Pero Juan cambió de
opinión cuando leyó un párrafo que describía el primer amor del héroe: el nombre
de la chica, la carta de amor, las palabras para declarar su amor. Todos estos
elementos de la historia eran los mismos que los de Juan.
Juan estuvo más interesado en el libro y siguió leyéndolo.
En el resto del libro, Juan descubrió varios otros elementos de la vida del
héroe que le recordaban su propia vida. El héroe no tuvo éxito como guitarrista como
Juan, se casó dos veces igual que Juan y estaba endeudado también como Juan.
No había ninguna duda: ¡Ese libro contaba la vida de Juan!
Con esa idea, Juan se dijo :” Este libro contiene posiblemente también mi futuro.” Entonces dejó de leerlo y fue directamente a la última página que comenzaba así : “Era el
último día de trabajo antes de las vacaciones de Navidad….”
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Clara Oozeer
El niño que no quería dormir
Erase una vez, una historia de un niño que el día de Nochebuena no podía dormir. Quería ver a Santa Claus. Era su sueño! Esperó en silencio en su habitación que sus padres se fueran a la cama. Cuidadosamente, miró debajo de la puerta y vio que la luz seguía brillando en el pasillo.
Una vez apagada y cuando no había ningún ruido en la casa, se dijo que estaba bien: que él podía salir. Eran las diez y Pedro llevaba una capa negra para no ser visto bajando las escaleras. Caminaba de puntillas para no hacer ruido. Había pensado en una estrategia para estar seguro de ver a Santa Claus. Sólo tenía que estar seguro que no despertaría al gato que dormía en el salón, y maullaba todo el tiempo cuando no estaba durmiendo. Pedro se escondería detrás del sofá para tener una vista de la chimenea. Eso fue lo que hizo. Luego esperó.
Estaba detrás del sofá desde hacía más de una hora pero no le importaba, estaba muy emocionado. De pronto vio humo en la chimenea. Se sentó y vio algo rojo. Abrió los ojos: era él, Santa Claus!
Vio que Santa Claus depositó los regalos bajo el árbol. Pero quería ver más cerca, y al avanzar se le cayó un vaso. No podía ocultarse, Santa se había dado la vuelta, le había visto. Se le acercó y le dijo que no tenía nada que hacer de pie a esa hora. A Pedro no le importaba, estaba viviendo su sueño. Así que Santa Claus decidió sentarse en el sofá con él y le pidió que le contara un cuento. El muchacho aceptó encantado. Con una profunda voz suave comenzó su historia: « Erase una vez, una historia de un niño que el día de Nochebuena no podía dormir…
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Raphael Lévy
El Sueño
Esta es la historia de un hombre que no logró recuperarse de su dolor amoroso. Hace 2 años que su compañera se fue. Sin embargo, Juan Pablo no pudo dejar de pensar en Julia.
Al despertarse por la mañana se imaginó a su lado en el lado derecho de la cama que ocupó durante muchos años.
Por la tarde en la oficina, pensó en su amada: los almuerzos con ella.
Y llegó la noche, cuando el dolor estaba en su apogeo.
Los recuerdos más carnales invadieron su mente. Todas esas noches que pasó junto a ella. Se imaginó que ella pasaba la noche con otro. La idea era insoportable.
Juan Pablo aún sabía que estos pensamientos eran extremadamente perjudiciales. Sabía que era mejor mirar hacia el futuro. Pero nada funcionó, estos pensamientos rondaban su mente en el grado más alto. Dormirse también fue doloroso. Su mayor deseo, desde la pérdida de su amada, era finalmente pasar una noche sin soñar con Julia. Entonces pensó, lo más fuerte que podía, en otras cosas antes de dormirse para evitar soñar con ella. Para que finalmente pudiera despertar en paz.
En esta noche de enero, estaba seguro de que, al fin, no soñaría con ella. Sus párpados finalmente comenzaron a sentirse más pesados después largos minutos en la cama. Su sueño estaba a punto de comenzar. Estaba en su casa en el salon, tratando de dormir en su sofá. Veía la televisión durante horas, pero nada funcionaba, temía pasar otra noche soñando con Julia, y le impedía dormir. Eran las 5 de la manana. Se quedó dormido cuando los primeros rayos del sol aparecieron desde la ventana de su sala de estar.
Una figura se alzaba en la distancia, oscura, indistinta. Se acercó lentamente. Se distinguía de pelo largo y castaño, luego forma cada vez más pronunciada. Ojos azules se veían allí ... Se sentía, esta figura sería Julia ... Pero, mientras que la sombra se parecía poco a poco a Julia, Juan Pablo despertó!
Él estaba totalmente desorientado, encontrándose en medio de la cama.
Comprendió entonces que había soñado de haber soñado con Julia. Se colmó de alegria. Por primera vez en 2 años, no había soñado con ella ...
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Raphael Lévy
El Sueño
Esta es la historia de un hombre que no logró recuperarse de su dolor amoroso. Hace 2 años que su compañera se fue. Sin embargo, Juan Pablo no pudo dejar de pensar en Julia.
Al despertarse por la mañana se imaginó a su lado en el lado derecho de la cama que ocupó durante muchos años.
Por la tarde en la oficina, pensó en su amada: los almuerzos con ella.
Y llegó la noche, cuando el dolor estaba en su apogeo.
Los recuerdos más carnales invadieron su mente. Todas esas noches que pasó junto a ella. Se imaginó que ella pasaba la noche con otro. La idea era insoportable.
Juan Pablo aún sabía que estos pensamientos eran extremadamente perjudiciales. Sabía que era mejor mirar hacia el futuro. Pero nada funcionó, estos pensamientos rondaban su mente en el grado más alto. Dormirse también fue doloroso. Su mayor deseo, desde la pérdida de su amada, era finalmente pasar una noche sin soñar con Julia. Entonces pensó, lo más fuerte que podía, en otras cosas antes de dormirse para evitar soñar con ella. Para que finalmente pudiera despertar en paz.
En esta noche de enero, estaba seguro de que, al fin, no soñaría con ella. Sus párpados finalmente comenzaron a sentirse más pesados después largos minutos en la cama. Su sueño estaba a punto de comenzar. Estaba en su casa en el salon, tratando de dormir en su sofá. Veía la televisión durante horas, pero nada funcionaba, temía pasar otra noche soñando con Julia, y le impedía dormir. Eran las 5 de la manana. Se quedó dormido cuando los primeros rayos del sol aparecieron desde la ventana de su sala de estar.
Una figura se alzaba en la distancia, oscura, indistinta. Se acercó lentamente. Se distinguía de pelo largo y castaño, luego forma cada vez más pronunciada. Ojos azules se veían allí ... Se sentía, esta figura sería Julia ... Pero, mientras que la sombra se parecía poco a poco a Julia, Juan Pablo despertó!
Él estaba totalmente desorientado, encontrándose en medio de la cama.
Comprendió entonces que había soñado de haber soñado con Julia. Se colmó de alegria. Por primera vez en 2 años, no había soñado con ella ...

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